Ayer en el metro mientras comía rápidamente un maldito sanwhich como único compenente de mi menú y me consideraba el tío más lastimoso del vagón, observé como frente a mi a un chico de unos dieciséis años, comenzaban a saltarsele las lágrimas.
Parecían de esas lágrimas que caen sin que podamos demorarlas y las cuales no podemos disimular…Inmediatamente una mujer en un gesto tremendamente tierno y con una cara dulzura empática en su rostro, se le acercó para hablar con él.
El chico accedió a levantarse y practicamente de su mano, seguirla fuera en dirección al andén . Finalmente el metro avanzó y allí se quedaron, me dejó una sensación de alivio, de que aún en esta ciudad fría e impersonal, queda esa parte tan mediterranea de preocuparnos por alguien que sufre.
Instalados en esa empatía espero que en estas días de celebraciónes, no olvidemos , lo que está ocurriendo en otra parte de nuestro planeta.
Y por ellos, por la masacre de Palestina mañana pongamos una vela, que una los deseos de la humanidad por que cesen las lágrimas en aquella, bendita tierra.
FELIZ 2009


