
De este fin de semana, no podía pasar necesitaba volver a ese lugar cálido, pero con elegancia aristócrata, un lugar que alberga en su interior los secretos del mar, un puente entre la capital y el mediterráneo. Me estoy refiriendo a la casa del pintor Joaquín Sorolla y Bastida, ubicada en una zona noble madrileña. Ese lugar que te envuelve en un paseo mágico entre la vida del artista, sus objetos,, sus herramientas de pintor bohemio y sus magníficas creaciones llenas de luz.
Augusto me comentó, “me fascina Madrid, pero echo muchísimo de menos el mar” y aunque en la ciudad existen maravillosos lagos, ríos caudalosos y embalses soleados, todo ello quedaba mediocre frente al soberbio mar que baña la costa asturiana.

Entonces pensé en aquel remanso de paz. No por deseo de competir, si no de complacer, le agarré de la mano y le dije a Augusto, “déjate llevar, voy a conseguir que conectes con lo que anhelas, eso si te aviso; no te mojarás, tampoco huele a sal…pero si confías, si realmente tienes espíritu de marinero y alma inquieta, querido amigo serás transportado al bucólico lugar que echas de menos”.

No se si fue así realmente, pero Augusto agarraba mi mano como un objeto delicado, con infinita ternura en ocasiones, imagino que movido por la emoción la presionaba y sonreía mientras contemplaba alguna de las estancias de esa casa o uno de los maravillosos cuadros.
Compartimos los espacios que inspiraron al pintor y los lugares cálidos donde este disfrutó de la vida entre los suyos.
Después Augusto mientras paseábamos por los jardines de la residencia del pintor me besó, me sorprendió robándomelo, aunque yo deseaba ser asaltado con esa muestra de ternura toda la mañana, recuerdo que fue en un patio que el pintor hizo construir inspirado en la Alhambra ,otro beso cayó bajo la magnífica Pérgola italiana.

Aristocrático pero no ostentoso eso lo define.
Un día inolvidable lleno de arte, luz, del pasado más romántico y de un inspirador mar mediterráneo.
Abril 29, 2009 a las 10:18 am
Maravillosos relato.!Es sin duda un lugar encantado, y sin duda invita al paseo y la reflexión, la poca afluencia de publico.
un abrazo
Abril 30, 2009 a las 2:46 pm
Compañero, no imaginaba que compartíamos esto: el de Sorolla es uno de mis museos favoritos de Madrid: Hace tiempo que no voy, creo que me acercaré pronto, al leerte me han entrado ganas de salir corriendo para allá…Besotes, te echaré de menos…!
Abril 30, 2009 a las 9:28 pm
Es un lugar precioso de Madrid, y muy poco conocido. Un placer pasear con tus letras por él.
Besos
Pd.- Me alegra descubrir que vuelves a disfrutar de la vida con rayos de felicidad
Mayo 4, 2009 a las 1:33 pm
Pues en que mundo ando yo que no conozco este museo y ya no por mi,, si no por mi mami que le fascina Sorolla.
Aqui mi promesa que la proxima vez que visite Madrid tengo una cuenta pendiente con mi mami y con el museo-
Un saludo
Nati
Mayo 31, 2009 a las 3:33 pm
Eso que hiciste es precioso!!!!!Yo también quiero que me lo hagan!!!