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Paco Bas y Bertrand Russell

18/04/2010

“Tres pasiones, sencillas pero tremendamente fuertes, han regido mi vida: el deseo de amar y ser amado, la búsqueda del saber y una compasión, superior a mis fuerzas, por el sufrimiento de la humanidad.
Estas pasiones, como vientos potentes, me han zarandeado de aquí para allá, en navegación tortuosa, por el océano profundo de la angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

Busqué primero el amor, porque trae consigo el éxtasis -éxtasis tan grande que muchas veces hubiera sacrificado yo el resto de mi vida por unas pocas horas de su gozo-. Lo busqué, también, porque el amor alivia
la soledad -esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de sí mismo se asoma al borde del universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida-. Y lo busqué, finalmente, porque en la unión que es amor he visto, como en mística miniatura, la visión anunciadora de ese cielo que los santos y los poetas han imaginado. Eso es lo que busqué y, aunque parezca quizá demasiado gozo para el hombre,
eso es lo que -al fin- he encontrado.

Con el mismo apasionamiento busqué el saber. He deseado comprender el corazón del hombre. He querido saber por qué brillan las estrellas. Y he intentado apoderarme del poder pitagórico gracias al cual el número triunfa sobre el flujo. Algo de esto, aunque no mucho, he conseguido.

El amor y el saber, en cuanto me fueron posibles, me levantaron hacia arriba, hacia los cielos. Pero la compasión me devolvió siempre a la tierra. Ecos de gritos de dolor reverberan en mi corazón. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos inválidos que
son sólo una carga odiada para sus hijos, y todo ese mundo de soledad, pobreza y sufrimiento convierte en burla lo que la vida humana debería ser. Aspiro con toda mi alma a aliviar el mal, pero no puedo, y sufro.

Esta ha sido mi vida. La juzgo digna de vivirse y, si se me diera la oportunidad, volvería a vivirla con gusto.”

Bertrand Russell, «Autobiografía»

http://www.centrodepsicologiarussell.com/

Escucha bien…

04/04/2010

Hay palabras, sonidos, canciones que en ocasiones sin saber porque, son especiales para nosotros, nos transmiten algo difícil de explicar pero fácil de sentir. Quizás cuidamos poco ese sentido que en ocasiones nos provoca un estado genial y en otras un estruendo desagradable nos puede aguar el día, no digamos si es después de reciente madrugón…

Guardo muchos sonidos en mi memoria, por ejemplo la sirena del colegio para llamarnos a comer, la dulzura en el tono de un monja llamada Lola, los pasos en aquella calle solitaria donde en medio de la noche, sentí que me seguían … hay algo que me impacta muchísimo el pseudo-silencio bajo el agua, me gusta, me relaja pero al salir a la superficie siento cierto escalofrio, como si acabara de pasar algo importante y no me hubiera enterado.

Creo que tampoco cuidamos lo suficiente  la forma y el tono con el que nos dirigimos a los demás. Hay gente encantadora, pero tan sec@s  hablando que asustan. Yo cada vez que conozco a alguien, escucho con atención como pronuncia su nombre, me dice mucho de como es esa persona y suelo acertar.

Os invito a investigar sobre los sonidos…